Después de mucho tiempo, llegó la contraparte, el opuesto; la cobardía. No
era algo para escribir planeado, pero creo que de alguna manera, estaba
destinado a aparecer. Algún día, hoy.
No hay seguridad de nada, y no sé si es un capricho de no tenerla o más bien
que no me la han dado. Pero tengo como una cosita por dentro, de ver tanta
gente por acá y por allá, y no saber si quiero lo que tienen, si añoro lo que
tuve o si soy la más feliz del mundo con lo que tengo, aunque la respuesta me
acose gritando que está muy clara, pero que yo no la dejo salir a veces, que la
deje respirar más seguido. A dos pasos estoy de donde quiera estar, pero qué
pasa que no camino, qué pasa que la mitad del cuerpo se va para un lado y la
otra mitad para el otro.
Estoy empezando a sufrir los mismos síntomas del mismo mal, no me gusta, eso
hay que decirlo, pero ¡Sí! ¡Parezco estar viviendo con él! Y le escribo como a
todas las cosas que me machacan el corazón. ¡Hola! ¿Me abren? ¡Estoy tocando la
puerta a este mundo de cobardes!
¿Será que sí? ¿Si tengo razones para decir estas cosas? Ay, ya ni siquiera sé,
como siempre, como siempre que voy a decir algo y después aparecen palabras
mejores y hasta más bonitas. Pienso sólo en lo que fue un día, en las vueltas
de la vida que me han hecho escribir este título, en que puedo decir “¡qué
ironía!” y no me van a comprender… Cosas que sólo un conocedor de estas letras
entendería.
Y este corazón, bastante caprichoso, no quiere otra felicidad, ni otros ojos ni
otras risas, y ahí si nos estamos viendo en un grave problema, les cuento,
porque a veces parece convencer a la mente y termino terminando como loca
gritando. ¿Y así dicen que las ausencias brillan? Pues esta la estoy viendo muy
oscura.
Creo que así se llama todo esto, cobardía, como disfrazada de tristeza bien
guardada, con muchas ganas pero la conciencia (más conocida en mi bajo mundo
como miedo) puesta, con muchas ideas muy divertidas pero dejándolas caer por
ahí con pesadumbre, con mucho por decir pero con prevención en los labios.
Porque la valentía volvió, pero ya no era tan amada como antes.
lunes, 30 de junio de 2014
martes, 24 de junio de 2014
En El Cielo De Moscú
Amigo, no te
mueras. Óyeme estas palabras que me salen ardiendo.
Casi puede
oírse una banda marchando de lejos y casi puede verse el viento moviéndose al
ritmo de la tristeza, las calles tan llenas y tan solas de algún pequeño pueblo
de la gran Rusia, los generales yéndose y entre ellos, vos.
La mente la
tengo llena de los poetas que amabas, de las palabras que de ellos salen para
explicar este sentimiento mejor que yo, y decir, entre versos de sosiego, que
esta tristeza se muere por estar feliz, que esta falta se va a hacer más grande
y que el vacío de las historias que se quedaron sin ser contadas, lo van a
llenar las que en tu nombre escribiremos, mientras estás lejos pensando que es
pura tontería dedicarte tanta palabra, pero amando todas y cada una, celebrando
con cervezas, bailando como el marido de la peluquera, sabiendo y sin saber
bailar. Y yo celebrando acá ¿Celebrando qué? La vida y las tablas y el teatro
pequeño, supongo; aún con el dolor todavía arraigado, mi corazón como arco roto
de Stalingrado. Me estás haciendo y me harás siempre falta en el pensar que te
voy a ver mañana y nos vamos a reír de nada importante. Adiós, hacedor de ilusiones. En esta alma rusa quedaste vos,
en esta nueva y maravillosa forma de ver la vida.
Tal vez siga
encontrándote en textos y en personajes ocultos que van tras la pista de tus
pensamientos, y tal vez sea ahí donde vas a tener más vida que nunca, en el
papel de soñador de grandes obras, de constructor de sociedades libres. En Igor,
En Werner Heisenberg, En Edipo y en Filomena.
Ya, sin
remedio, me hiciste a la felicidad infinita de un teatro verdadero, y me
dejaste plantada en este escenario que levantaste entre diminutos sueños que la
existencia te dejó hacer grandes, y no me quiero ir. Mucha mierda, y mucho
teatro en el lugar donde estés.
Gracias,
porque mis sueños son más grandes, porque ya sé leer, por el amor a lo clásico,
por Chéjov y sus comedias, por las manos del libro de Zweig que me recuerdan a las tuyas, porque tengo una esperanza y un alma que quiere
cambios en este mundo, porque vivo en una
casa inmensa que guarda tu voz por
todos lados. Gracias por ese grito de pasión estallando,
A Moscú, A
Moscú, A Moscú ¡A Moscú!
lunes, 9 de junio de 2014
Algo Falta
Algo falta en estos días, estos días incompletos y cortantes. Algo no está en estas horas que suspiran anhelantes.
No encuentro lo faltante en mis ojos vidriosos, ni la cosa ausente en los pasos temerosos; pero algo falta en estos días, unos sueños, unas manos, tal vez algo de caricias o quizá sólo unos cantos.
Serán unas pequeñas palabras que acaben toda frase, un saber de esto o aquello, un tener qué hacer, una comida o quien abrace.
Y yo creo saber qué es eso que ya no me da descanso, pero lo pienso, me cercioro y lo evito con espanto ¡Ay! Qué sentimientos tengo que se ahogan en un llanto, y después en una risa y después en un quebranto.
Algo falta en estos raros días en que ya no tengo tanto, y ahora creo, evasiva, que soy yo lo que tanto falto.
No encuentro lo faltante en mis ojos vidriosos, ni la cosa ausente en los pasos temerosos; pero algo falta en estos días, unos sueños, unas manos, tal vez algo de caricias o quizá sólo unos cantos.
Serán unas pequeñas palabras que acaben toda frase, un saber de esto o aquello, un tener qué hacer, una comida o quien abrace.
Y yo creo saber qué es eso que ya no me da descanso, pero lo pienso, me cercioro y lo evito con espanto ¡Ay! Qué sentimientos tengo que se ahogan en un llanto, y después en una risa y después en un quebranto.
Algo falta en estos raros días en que ya no tengo tanto, y ahora creo, evasiva, que soy yo lo que tanto falto.
lunes, 26 de mayo de 2014
Caro Amor
Quién te mira a ti, amado
Quién te ama a ti, odiado.
¿Acaso no ves la fila de ciegos que te persiguen? Que te
buscan y te desbuscan y en tus primeras huellas vuelven a empezar.
Mientras tanto tú, con la cabeza alta, miras fijo al mar,
esperando por fin liberarte, esperando por fin zarpar. ¡Qué fácil encontrarte,
qué difícil conocerte, casi imposible olvidarte! Olvidar la vida dentro de la
muerte, el siempre dentro de los jamases. Por eso es que te ahuyentan, amor de
agua, porque dueles, porque la eternidad no te alcanza; por eso es que te
alejan, amor de sal, porque hieres y tu vida es tan escasa.
Y ahí van todos maldiciéndote pero siguiéndote de espaldas,
paso a paso, verso a verso. Amando, amándote más que a los granos de arena que
pisas suicida.
He aquí mi prosa, caro amor. Por todo lo que callas, por
todo lo que sufres.
domingo, 25 de mayo de 2014
Indisciplina
Escribir es cura y veneno
es separar los bravos mares,
arrastrar profundos pesares.
Pero a la vez escribir es
llorar de risa en algún sueño,
sueño de letras y rimas
que escala las más grandes cimas.
Blanco y negro cual ajedrez
eso es lo que escribir es.
es separar los bravos mares,
arrastrar profundos pesares.
Pero a la vez escribir es
llorar de risa en algún sueño,
sueño de letras y rimas
que escala las más grandes cimas.
Blanco y negro cual ajedrez
eso es lo que escribir es.
miércoles, 30 de abril de 2014
Quiero escribir, y el llanto no me deja
(De Lope de Vega)
Quiero escribir, y el llanto no me deja,
pruebo a llorar, y no descanso tanto,
vuelvo a tomar la pluma, y vuelve el llanto,
todo me impide el bien, todo me aqueja.
Si el llanto dura, el alma se me queja,
si el escribir, mis ojos, y si en tanto
por muerte o por consuelo me levanto
de entrambos la esperanza se me aleja.
Ve blanco al fin, papel, y a quien penetra
el centro deste pecho que enciende
le di (si en tanto bien pudieres verte),
que haga de mis lágrimas la letra,
pues ya que no lo siente, bien entiende,
que cuanto escribo y lloro, todo es muerte.
Quiero escribir, y el llanto no me deja,
pruebo a llorar, y no descanso tanto,
vuelvo a tomar la pluma, y vuelve el llanto,
todo me impide el bien, todo me aqueja.
Si el llanto dura, el alma se me queja,
si el escribir, mis ojos, y si en tanto
por muerte o por consuelo me levanto
de entrambos la esperanza se me aleja.
Ve blanco al fin, papel, y a quien penetra
el centro deste pecho que enciende
le di (si en tanto bien pudieres verte),
que haga de mis lágrimas la letra,
pues ya que no lo siente, bien entiende,
que cuanto escribo y lloro, todo es muerte.
jueves, 27 de febrero de 2014
Señorita
He escuchado ya muchas cosas
que han sido dichas, he visto lágrimas que prometen ser de felicidad, he visto
gestos de queja más grandes que el dolor mismo que los causa y todo esto de su
cara, señorita, de su cara mientras dice que su vida vive ahora un rumbo que
nunca tuvo, un rumbo definitivo, no tentativo, positivo, no pasivo... Con
pesar (auténtico pesar ¡que no se vaya a pensar que miento!) el adjetivo de
hipócrita también le vendría bien, y eso sólo porque ha sido usted la que lo ha
mostrado así. Del interés no sólo se habla ¡Eso es también una cosa que se
demuestra!
Blasona de su experiencia,
estudios y recorridos; pero entre niñerías y mimos, más parece su estatura un
extraño fenómeno de altura (¡Y ya!).
Será por esos delirios, que
francamente no sé llamarlos de otra manera, que los consejos a sus oídos llegan
con tanta pesadez, como si dárselos fuera cierta clase de delito. Son para
usted un mal necesario, aunque le cueste, pero en este punto no estamos ya para
dar más correcciones, el silencio le ha ganado la pelea a las desesperaciones.
Qué más da, si al fin y al cabo, señorita, ya usted se las sabe todas, sólo no
se confíe, que para inmaculadas está La Virgen.
Señorita de las
transparentes... personalidades, permítame decirle que son un dolor de cabeza
sus necedades, y que poco creo ya en sus enfermedades. Usted que camina sola,
agacha la cabeza cuando se le quiere mirar ¡pero eso sí! la deja bien alta
cuando prefiero ver una bandada de pájaros antes que a sus inmodestas cejas
alzadas.
Pero dejemos de hablar de lo
que me hace usted a mí, al fin y al cabo quién soy yo más que una igual, pero
creo, y diciéndolo con todo respeto, que a quienes debe usted respeto guardan
ganas de dejar su irrespeto por el piso. No ha sido secreto que se molesta usted
por completo cuando con razones justas le hablan, pero sepa que los regaños no
se hablan a dueto, las discusiones no son siempre un reto y que, aunque yo ahí
no me meto, sus respuestas dan ganas
del mascadero voltearle, como lo diría mi abuela muy concreto. Diriale yo que deje usted misma de meterse
en aprietos, y si ya dijo “me comprometo”, trate de citar también la palabra
“coherencia”.
Ahora no sólo me preocupo
por usted sino por mí, porque ¿qué hago yo si cada día puedo ver menos de su
ser? Sin mencionar que no quiero llegar a hablar en sus palabras, pero sus
deliciosas miradas cada vez me hacen la cuestión más difícil. La triste
realidad es que no necesito tener más de sus actitudes para sentirme como me
siento, hastiada, fastidiada, incomodada y cómo no, frenada; y mis planes son
muchos, pero todos sin hastiarme, fastidiarme, incomodarme y mucho menos
frenarme.
Yo no quería que la
situación llegara a estos extremos, pero debo decir con honestidad de sobra
que, señorita, poco la aguanto.
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