martes, 16 de julio de 2013

A Las Cuatro

Todos los días merecen una tarde así. Lírica y callada. Fría y aquietada.

De manos ajadas, de versos robados y notas escondidas. De agua desvelada y piel desprevenida. De sonidos desiguales, de verdes y amarillos, de quietud con olor a libro nuevo.

Una tarde preguntona que cansada descansa. Que se oscurece en buenas letras. Una tarde como una rima perfecta para escribir sobre lo escrito. Una tarde de papel y lápiz, de palo y hoja. De olvido para olvidar y tener presente. De música en la mente. Una tarde de madrugada.

Filosófica, libre y risueña y despejada.

Con perfecta compañía, miradas entre miradas y palabras no dichas. Con ojos que buscan la forma del cielo y secretos corriendo en el aire. Con horas enredadas en minutos.

Todos los días merecen una tarde así.






lunes, 15 de julio de 2013

Des-y-sosiego

A la orilla del mar más grande, con nada más que inmensidad por delante, sin nada de lo que no necesito, asoma la mañana en colores delirantes. Y la mirada perdida prolonga el momento, como si el amor mirara y encantara, y se fuera y se quedara (allá). El cuerpo piensa, los pies caminan y los nervios se estremecen. La tranquilidad… Ella habla por sí sola.

Con escribir insumiso, con caminar impreciso, con mirar sonriso;  deseoso como flor de pétalos abiertos que busca al sol para vivir. Voy recordando aquello importante; que el corazón es ansioso, y se toma a la vida en un despiste, que el tiempo presuroso se aferra a lo que sí existe. En medio de tanto alborozo, voy lento para después correr hasta saltar al abismo. Y canto canciones vueltas memoria, y vengo a ver llover en un cultivo seco, sólo grito para oír el eco y cuento una nueva historia.  Me veo en el hilo delgado de una palabra sin pensar en después, detenida en viento pasajero; suave es el correr de mis pensamientos lozanos, y no los querría si no fuese así.

Gracias y no gracias. Con qué lucidez hablara un herido. Qué cambiante el sentir abierto de un cuadro dolido que murió sin morir. He de verlo ya en mis nuevos sueños, en donde esté más despejado el aire, donde haya risa  inmutable y se hable de detalles pequeños. De vuelta al carpe y al diem, se pasan las horas tranquilas en la viveza de una nueva ilusión. Emoción, efusión, pasión, canción.

Tengo ahora silencios llenos de poesía, tan solo hablo de sueños cual silbidos suaves, entre locura y dulces casualidades. Me escribo a mí y cambio de razones, me refugio en mis pasiones que a mi sonrisa, risa le han regalado, y una risita es sedante, una sonrisa para unos ojos es anestesia al dolor incesante. Mejor será vivir sonriendo, para poder morir de risa, de amor, de sueño y de emoción; y volver, volver a hacer que valga la pena.



domingo, 9 de junio de 2013

Antes De

Va haciéndose más fuerte, la irascible e incontenible necesidad de escribir, más ahora que mis sentimientos están afanados, que el atropello los acosa y asfixia, cuando ni siquiera tuve tiempo de terminar lo que he sido en estos días. Hago letras de la intensa emoción en una carta sin destinatario, en otro escrito más que intenta y no sabe si falla o acierta, pero intentando sigo, en medio de asuntos que no dan tiempo a la mente, porque a mi mente ahora, inundada de un solo pensamiento inmenso, la desvían del camino y no la dejan pensar. Es ése el peso que llevo a cuestas, que se agota el tiempo rehaciendo los dulces instantes perdidos en palabras, que este ahora tiene mucho por delante y a ese tanto le temo, temo a que se disipen en el los sentimientos que tendré lejos, le temo a todo lo que no haré.

Mis pasos, como mis riesgos, se hacen cortos, mis minutos son pocos; todo lo que en mi mente escribo y en mi corazón nervioso siento se hace más grande, líos convertidos en bríos. Sólo espero no me tome la impredecibilidad por sorpresa, porque quiero esperar, aún con mis piernas que tiemblan y mi respiración que tiene que aprender a respirar, quiero luchar y pararme en vez de estar sentada, pero ahora el tiempo apresura mis acciones, entonces espero, espero que la espera es lo único que hoy me queda; aunque me asuste, me estremezca y me amedrente.


Supongo que hay tiempo para un suspiro más.

sábado, 8 de junio de 2013

Cuerpo Y Alma

Quieta. Mirar la nada, mirar el viento y la voz se va despacio y no vuelve más. Hablar es ya un olvido, el olvido más penetrante y lastimero que ni la más excelsa declaración explicara, que desespera en un grito ahogado, el grito que parece en vano, porque todavía no dice nada. Yo ya no encuentro nada más que decirme. Hablar es ya mi olvido ¿La voz se fue, no es así? Si así no hubiese sido, mis movimientos sonarían dejando de estar solos, serían vistos y yo tendría cosas pequeñas. Unos ojos, unos ojos y ya. Unos brazos muy pacientes, muy pacientes y ya.

Anejado un momento estático en la mitad del tiempo, en los días a los que les sobran horas, horas que pesan, y los días que deberían durar un rato más; yo río y sonrío, yo sostengo en las manos no sólo suspiros disfrazados, sino la vida que sigue siendo mía, y que no puede ser de otro corazón.

Tal vez la madrugada traiga palabras que expliquen mejor la cualidad cambiante de mi cara, la tranquilidad que a veces flota, el desasosiego y la indeseada repetición que se convirtió ya en sentimiento. Tal vez se estremezca mi interior de una manera diferente. Si difícil es entender, cuán difícil explicar, encontrar las respuestas apegadas a sus viejas costumbres y hallarlas solitaria, porque solitarias son. No entiendo. Me preocupo. Me siento, fuera y dentro. Me siento y me siento, qué pena…


Miedo, deslizándose en las lágrimas más lentas y calladas.

lunes, 27 de mayo de 2013

Golpeando Vehemente

Busco. No encuentro entonces espero, pero qué puede ser la espera si mis pasos caminan por todos lados dilatando los momentos. Hablo más en silencio de lo que mis dudas preguntan, su respuesta no está a mi lado, ni arriba ni abajo, y respondo para la ventana con mi cara y nada más, pero sigo sin llevarme bien con mi claridad inevitable. Qué desorden por dentro, qué montón de cosas quisiese hallar para darle sentido a lo impenetrable, lo impenetrable de mi confuso sentir. Porque ya conozco palabras que no conocía antes, palabras que dan vida a la vida, pero a esto, a esta nada no han podido darle vida.

Allí está esa punzada que suprime. Una presión tan fuerte que es inexplicable. Un impulso que golpea de adentro a afuera, como fuego encendido que quiere quemar el tiempo, los lugares vacíos y las palabras secas, tal vez un llamado de mi alma nerviosa. Una opresión persistente que llega hasta donde no soy dueña de mí, hasta donde no digo mi nombre y las palabras se ahogan.

Un pensamiento solo; solo, vasto y cautivo, atrapado en el mientras de lo que vuelve. Vacío que llena por completo encerrando palabras, las que se me escapan de los dedos. Ansiedad por la ausencia que acosa mis suspiros, suspiros que son arma de doble filo a la fragilidad de la mente. Momentos tan cortos que son capaces de encerrar todo y hacer caer lo que con precariedad se sostiene. Infinidad de cosas muriendo por salir y sin poder hacerlo. Impotencia. Locuras, temores, egoísmos y ardores; todos juntos en la misma lágrima.

¡¿Qué hacer?! No puedo pensar en escribir de otra manera, esto no funcionaría abandonando mis formas que se acostumbraron a mí tanto o más de lo que yo a ellas. No quisiera yo invertir mis poemas y que para mis emociones se hagan borrosos, confusos y lejanos, tanto o más como la conmoción taciturna de ser incapaz de dar libertad a la retórica insistente.

Días silenciosamente húmedos, hechos de ese silencio agudo que sólo sabe de espera. Cuerpo tan estático y quietud tan intocable, mi cara con ganas escondidas de hablar y con otros ojos, con formas tan diferentes de tener la piel caliente en medio del frío de luna llena.

Lo intempestivo salva entonces las horas que pasan lentas y así, con el tiempo incompleto y la espontaneidad pausada, la cuestión es vivir, ineludible la noche sola. No quisiera yo demorar más a la tranquilidad… O demorarme más a mí. De la memoria inequívoca tengo risas, su sonido y su fotografía; de las notas lentas tengo mi paz todavía. La locura que aflige al insaciable es tan pesada y tan liviana, tiene fuerza por momentos, se ríe por momentos, se olvida de sí por momentos.

Otro escrito más, otro lugar que a lo sincero no asuste, que pueda con poco, porque a cada momento he debido conformarme con sentir. Es desasosiego, desconsuelo, risa, baile, pasión y dolor; que esté aquí sentada en la ironía de escribir por no escribir. Seré mejor siempre en las palabras, y sería bueno empezar a conocerlas, a las palabras que jamás voy a decir.

viernes, 24 de mayo de 2013

14

(De Roberto Juarroz)


Los poemas inacabados,
los poemas que se abandonan como una derrota,
dejan sus imágenes en algún rincón desconocido
donde poco a poco se va formando solitario otro poema,
un poema que tal vez algún día encontraremos.

Así nacen las formas en la noche,
como criaturas aparentemente descartadas.
Y no alcanza una sola mañana
para que surjan a la luz.

Las líneas de la germinación y de la espera
dibujan intraducibles jeroglíficos
sobre la piel que separa en todas partes
el silencio y la palabra.

Hasta que llega la conjunción reparadora
que viste con esa piel el cuerpo nuevo
y recoge las antiguas imágenes,
porque ninguna imagen se pierde.


lunes, 6 de mayo de 2013

Hoy




No hay final ni comienzo. Aún ahora, mis líneas todavía largas y mi tiempo todavía corto, los minutos se pierden en existencia delirante, ninguna expresión es suficiente para materializar un sentimiento y es mejor así. Sigo encontrándome en una sonrisa que ya no se pueda gastar, espero que así sea hoy y por mucho tiempo, porque no hay final ni comienzo, y mis líneas son todavía largas y mi tiempo todavía corto.

Sé muchas cosas y entre ellas sé que te he visto así antes, así como estás en el fondo, con metáforas dulces e inesperadas, respirando por placer y moviendo la vida después de encontrarla, detrás de ti con lágrimas felices y palabras que describen un día normal, entre latidos, suspirando.

Estoy acompañada de un ritmo cambiante que extravía mis razones, cobijada por la libertad, desmoronada por la ansiedad. Siempre hay tanta... tanta, tanta, tanta pregunta sin respuesta y los esfuerzos se esfuerzan por todos lados, las maneras lejanas intentan ser coherentes, yo me quedo sin palabras, pero por razones diferentes. Más fácil sería apartarse, mas que difícil desdecirse. Tan pronto busco letras me encuentro con esto, la incesante costumbre de amar los días que detesto.

Algo tenue, pequeño y gradual, sólo para poder sentir lo que se siente. Hoy ha estado temprano y el viento se ha disfrazado de nada, la tarde y la noche de hoy han sido diferentes y rigurosamente iguales; y muchos días vendrán después de hoy. Hoy como infinitos pensamientos para pensar y después, escribir.