sábado, 21 de octubre de 2017

Sospecha De Egoísmo

A veces uno quisiera escribir algo y el corazón detiene a los dedos. Lo más gracioso es que es el mismo corazón el que quiere escribir, pero no se atreve, no confía en las palabras ni en que puedan decir lo que él realmente está sintiendo.

No, no estoy mal. La vida es hermosa y la vida está llena de paciencia y amor, pero ¿y entonces, corazón? ¿Qué pasa por estos días que estás bien pero te agita la razón?

¿Realmente es tan difícil entender? Dime. Tú. Sí, tú. ¿es tan difícil entender como para mí es difícil encontrar las palabras? ¿No ves todo lo que te grito con mis miradas y con mi caminar de aquí para allá?

Realmente son cosas que no se han inventado para ser dichas, y es tan fácil entenderlas... Creo yo.

Y sí, soy yo. Yo y yo y yo y yo y yo. Cada día. Todas las noches. Yo conmigo. Y hablándome a mí con estas cosas que no son de este mundo ni son pronunciables para unos labios que sólo quieren besos espontáneos. Y en cada ilusión también estoy sentada yo, es de día y espero ansiosa que sea la noche, pero cuando la noche llega ella sólo me lleva a mi casa sola, a mi cama sola, a mi mano sola.

Sí, señor papel, volví. Aquí estoy. Y soy la misma de antes. Sí. Perdón. Soy la misma de antes.

Pero... ¿acaso ahora soy egoísta? No lo sé, realmente no lo sé y me mata no saberlo.

viernes, 31 de marzo de 2017

Marzo

Tengo las esquinas del cuerpo llenas de marzo. De ti, marzo. De tu desoladora y melancólica inhospitalidad. Me ves en febrero y no me hablas, no me dejas oír tu voz pero yo ya te escucho acercándote con tu sonido de verdugo. Y hoy hueles nuevamente, marzo, a soledad.
Te avecinas con tu historial de palabras y de tormentas que caen desde los ojos. Ya nos hemos visto antes y no me gustan tus paisajes, pero te guardo en mí como si fueras un destino inevitable, juntos y revueltos, mi deseo no deseado. Tu reloj al fondo del cajón todavía marcando las cansadas horas. Un tic en mi cabeza. Un tac en mi corazón. Una avalancha a los latidos y un disparo a la razón.

¿Y ahora qué? ¿Vuelves? Me viste tumbar muros y sentarme en sus ruinas dentro de ti. Me sonreíste la cara y me volviste ilusión, constelación. Sí, me sonreíste cruelmente quitándole las alas a los sueños que ya iban en otra parte del mapa después de que viste cómo volví a construirlos. No me dijiste nada, marzo. Es que no te gusta hablarme. Te place silenciar el 19 y llegar cuando no te espero. Me encierras en tus fines de semana de espera y silencio. 

Ya no me regalas manos entretejidas empacadas en intentos por describir la luna, sino que entierras tus puñales en mis oídos, cada marzo una colección de palabras más duras. Y así vas borrándole las palabras a mi diccionario, dejándomelo lleno de hojas en blanco y respiros a los que no les sale palabra.

Eres mi metáfora griega, mi sino trágico, mi templo profanado ¡mi templo! Mi memoria de palabras que ya no sé decir.

Tengo los pies cansados de entrar en ti.Vete a vivir los años de otra persona pues yo no volveré a hablarte, no quiero ni siquiera mirarte para no verte las cuencas de los ojos que me asustan, tu nombre dulce que no concuerda con ningún placer de la vida.

Eres un contrato para debilitar mis suelos, mi rosa guardada por cuatro años, mi ataque de nervios, mi respiración extraviada, mi incendio en el alma, mi ser que se cae y gravita alrededor de una gota de agua salada.

Te apoderaste de mi cuerpo blando, lleno de lágrimas y piel escarpada, terminado de construir con un verso robado. Me coges desprevenida amando en colores que ni existen y arrebatas, mutilas mis manos listas para acariciar. Ojalá puedas verte al espejo un día. Tienes nada y lo tienes todo. No tienes más coraje que el de dejar mi cama vacía. 

Eres unos pies sin ritmo que no me saben bailar...

Y cómo quisiera que me supieras bailar.

Que te bese el sol cuando se caiga en tu último día. Buen viaje.

sábado, 8 de octubre de 2016

Diálogos Con La Ventana XIV



Hola, ventana ¿cómo has estado? Lo cierto es que no nos vemos hace un tiempo (pero no nos olvidamos, no te preocupes, que eso ambas lo sabemos) y nuestro tiempo lo gastamos en rápidas despedidas y saludos, pero tengo que hablar de algo contigo. Más bien… Preguntarte algo. Ay, es que no sabes cuánto te necesito, he tratado de resolver esto por mí misma pero no he dado con nada que me deje contenta, necesito hablarte a ver si encuentras respuesta.

Dime, ventana ¿por qué no hay palabras? ¿por qué las miradas pierden el ánimo? ¿por qué cuando las condiciones son perfectas, el silencio llueve sobre ellas? ¿por qué se funden los bombillos de las ideas? Respóndeme por favor por qué no hay iniciativa.

Te daré un tiempo, tómalo, no sabes cuánto me ha costado a mí, ratos enteros de sólo pensar, me he quedado sentada encima de las piedras de la frustración e imagino e imagino mil razones. No te mentiré, he encontrado algunas que se acercan a la lógica y que por poco me persuaden ¡pero cuando uno siente cosas ilógicas, cómo va a poder explicarlas con coherencia! Entonces ahí se me borra todo y vuelvo a entristecerme, enojarme y confundirme otra vez.

Te ves bastante callada pero hay bastante ruido detrás de ti ¡Y ese es! Ese el ruido que desordena mi cabeza con esta duda tan grande que tengo, esta duda que no sólo me deja a la espera de respuesta sino con un vaciíto en el alma, digámosle así, que todavía no se decide a dar este asunto por terminado. Yo amo el silencio y tú lo sabes, pero este me resulta insoportable. Este silencio sin propuesta de sonrisas me hace agua por dentro. Por qué hablar y después callar, decir todo lo bonito pero cuando lo bonito tiene tiempo libre, esconderlo y no dejarlo salir a jugar.

Estas faltas de quiero verte están apagando mis proezas. Mis ganas se están borrando de la foto. Es que a veces siento que no puedo, que no puedo más, que mis oídos van a estallar si escuchan un no de nuevo, y me da mucho miedo que ese estallido llegue hasta la sangre del corazón ¿me entiendes? porque ambas sabemos que eso es instantáneamente lo que va a pasar (hay que decirlo por experiencia). Por qué es tan sencillo que nazcan las ideas alegres en otros lados y no en el lado del amor ¿no debería ser al revés?

¡¿Por qué no perder el tiempo, ventana?! ¿por qué quedarse a solas con las risas en la punta de los labios? ¿por qué tomar café en la imaginación cuando se pueden cocinar tomates en mi cocina? Por qué irse a otras personas si uno vuelve siempre a los viejos sitios donde amó la vida… Y dónde dejaste la acotación de insertar suspiro…

Mira, ya viste cómo me puse entonces vamos terminando esto antes de que vuelvan las amigas saladas que han estado de paseo.

No puedo entenderlo todavía. Estoy resignada convenciéndome de que simplemente no es mi momento de comprenderlo. Sé que eso puede ser conformarme, pero esa explicación a veces me da algo de tranquilidad ¡qué más le vamos a hacer! Lo cierto es que esa tal iniciativa resultó ser más complicada de lo que parecía.

Ahí te dejo esa pregunta, y te dejo también la promesa de que la primera que encuentre la respuesta se la dirá a la otra. Buenas noches, amiga, duerme bien.






8 octubre 2016

lunes, 20 de junio de 2016

Extrañitud

Cómo se le llama a lo que sufren los que hablan con los labios sellados, a los que caminan sin saberse caminando, a los que suponen la vida. Qué es eso que hacen los que se piensan y se van.

Cómo se le llama a la tristeza por el corazón regada, pero tan silenciosa, tan disimulada. A la indisciplina al escribir, tan terrible y tan feliz de sentir.

La ironía que, escondida, destella. Brilla oscura con intenciones macabras. Y la demora de sus palabras, y lo poco que podía verse detrás de ellas.

Y las pocas sílabas y el color con que venían pintadas que ya no era negro sino que era gris. Color que no ha podido vestirse de feliz.

La incómoda forma de compartir un día y la difícil forma de explicar cercanía. Y el "ya no es antes sino que es ahora", y el grito ahogado de tan mala hora. Los libros que se preguntan por su destino, la noticia tan esperada que no vino.

Y la luna afuera sin quienes en un abrazo la miren. Y el deseo furibundo de adentro de vivir en otro lado más cercano a su cuerpo. Y su cuerpo ausente, y su ausencia fuerte, y su fuerza, inerte, y su muerte haciéndome preguntarme cuándo me dejará volver a verle.

Las manos vacías de dedos y las palmas sin líneas sobre las líneas de la vida. Los pasos que se dan quedos como para no delatar la huida.

Y esas pequeñas, imperceptibles cosas que con esos pasos se alejan, que alejan las almas tanto como los cuerpos. Los detalles que de a poco se llevan los cuidados atentos. El sol que ya se está escondiendo. La concreción de un rodeo que daba risa. La máscara neutra. La llamada que no llega. La pregunta que espera. Los que se paran y se miran en medio de diez centímetros físicos y diez metros de alma.

La pulcritud, la exactitud, la esclavitud, la ingratitud, la desconfietud, distancietud, tristecitud...

-Diez centímetros físicos y diez metros de alma-

...La extrañitud.





20 junio 2016

sábado, 4 de junio de 2016

Si No Me Vas A Besar Mañana, No Lo Hagas

Si no me vas a besar mañana, no lo hagas ahora cuando las miradas son cambiantes minuto por minuto, no cuando mis fuerzas son las mismas de un papel bajo una nube cargada de lluvia. Si no me vas a besar mañana, no lo hagas hoy que yo podría quedarme a vivir entre tus cejas después de besarme y olvidarme de mi vida. 


Si no me vas a besar mañana, no lo hagas. No lo hagas porque mi sed de tus besos se levanta como nueva cada día, como si volviera a nacer con el primer pensamiento de la mañana. En el aire de mi imaginación flotan fácilmente tus manos en mi pelo enredadas, y ahí otra vez te beso aguardando tus besos, y temiendo que no vayan a llegar. Si no me vas a besar mañana, no lo hagas, porque no mejoro en el arte de esperar, y tengo los labios cansados de besos que no vuelven, la boca mojada en incertidumbre.

Si mañana el viento soplará fuerte y habrá marejadas en nuestros adentros callados, y ni tus ojos ni los míos podrán evitar las fieras miradas de nuestros corazones, y las preguntas y las respuestas las guardaremos en cajones cerrados, no me beses, no le dejes a mi cuerpo el recuerdo de la canción que, cuando me besas, me cantan tus labios.


Si me vas a besar, hazlo en mis sueños, donde sea yo la que cree los besos y sólo me encuentre con ellos detrás de mis párpados, y así no tener que mirarte mañana de lejos y no saber de quién es la mirada perdida, si tuya o mía. No me hagas morirme y volver a vivir en la mitad de tu beso que tanto sueño despierta, que busco debajo de mi almohada cada noche, que busco en la piel de mis brazos que una vez besaste. Qué voy a hacer cuando vuelva ahí a no encontrarte, cuando en la noche piense en mañana con recelo. Dime qué voy a hacer cuando, después de tu beso, le tenga miedo al amanecer.


Si mañana tu voz va a flotar en el aire y va a ser tan etérea que no la voy a poder tocar, no me beses. Si soy digna de tus momentos mas no de tu vida: No. Si es sólo porque ves lo afectada que estoy: No. No me beses. No si esa es tu razón. Si no me vas a besar mañana, mejor déjame aquí siendo lo que no te atreves a ser.


No me beses si mañana tus palabras no me van a mirar de la misma manera.

No me beses si mañana nuestros besos serán de camerino y no de escenario.

No me beses si tus labios, como las palabras que salen de ellos, no serán solamente míos.


No me beses. No me beses por ti. Porque puedo ser perjudicial. Porque no olvides que con frecuencia olvido que la cuerda floja por la que caminamos no es la misma.



Y si me vas a besar mañana, hazlo ahora, antes de que agonice de sed de tus besos.


lunes, 9 de mayo de 2016

Y Dejar Que El Agua Corra

¿Podrías oírme si te hablo a través del agua? ¿Todavía queda alguna zona de tu oído que sea sólo mía y pueda oírme sobre el mar? Porque tú estás en tierra firme y yo me estoy ahogando.

Naufragó mi barco que se aventuró a navegar tu cuerpo, que zarpó de tu pelo para llegar a tus tobillos. Ahora estoy en una playa desierta. Desterrada de las historias de tu día. Tan lejos del sonido que tiene tu voz cuando la oscuridad la toca.

¿Me oyes? Te estoy gritando. Pero tengo el agua sobre mí y sólo puedo ver las burbujas a mi alrededor cuando con todas mis fuerzas grito para que me salves. Para que me salves de mí sin ti y del dolor escondido tras la espalda de las sonrisas.

No hay forma de que este lugar se sienta cerca. Alargo mis brazos para tocarte pero ahí lo entiendo, que estoy delirando en el recuerdo de las noches en que tuve vida. Vida. Qué palabra tan difícil de decir sin pensarte. Me pregunto desesperada por qué estás tan lejos de ella y a quien sea que se parezca a tus labios podría comprarle la respuesta. Pero no hay nadie más aquí. ¿Podrías escucharme si te hablo a miles de kilómetros?

Toda cubierta de agua. En lo más profundo de lo profundo. Dando patadas y moviendo los brazos. Sólo quiero un poco de tu aire para respirarlo. Sólo algo de cercanía para que alcances a oírme y pueda yo tener descanso. Pero tú... Tú sigues sin escucharme, y empiezo a preguntarme si tienes los oídos tapados. Tal vez esté condenada a escribir por años.



8 mayo 2016. 11:14 pm.

martes, 3 de mayo de 2016

Corazonamiento Cuando Se Va la Luz

Hay días que se demoran en llegar. Pero se sueña madrugar para vivir dentro de ellos. A veces esos días se vuelven semanas. Y a veces no son sueños sino sorpresas gratas del contradictorio vivir. Deseos a los que les dan forma después de tanto insistir.

En esos momentos, la cuerda floja por la que se camina, se hace más ancha. Caminar es más fácil. Es más fácil ver de cerca el deseo al final del hilo... ¿Al final de hilo? Cuando ya se acercó uno lo suficiente, se da cuenta de que su anhelo no está solo.

Y esa presencia lo aniquila todo. Los pasos firmes frenan en seco. Las palabras desaparecen justo en los labios. A los abrazos les cortan la primera sílaba. A los pensamientos que se creen claros, les vuelve a caer tinta encima. Los minutos son obligados a convertirse en segundos. Tranquilidad como una palabra que empacó su maleta. La valentía vuela en un viento lejano. Y el corazón... Bueno, él no se ha podido acostumbrar a pensar en vez de sentir.

Cuando la vida está pintándose de blanco, se va la luz.

Dejo entrar la noche en las ventanas de mis ojos, pero esas ventanas dejan ver las despedidas lejanas... Que ya no son mías... Que ya no son mías.

Abro mis manos de ilusión. Y la vida que allí atrapo se escapa veloz por los espacios de mis dedos dejando algo de restos que con tesón puedan ser revividos. Hay que aprender a cerrar los dedos. Hay que cerrar con fuerza los dedos.

Uno nunca termina de comprender las formas en que funciona la ausencia. Su repertorio de tortura es tan grande que cuando uno cree que ya no está, se quita la máscara y se descubre a sí misma y a su nueva forma de jugar el juego del engaño. Le quita a los días especiales los chocolates y las notas de letras enredadas. Le quita a los nervios los detalles que los calman. Le dice a los riesgos que ya pueden ser tomados, pero se desdice cuando acaban de saltar al abismo.

Qué casa tan vacía. Qué puerta tan triste de cruzar. Qué montón de momentos habitan en ella y sin embargo está tan sola. Tan sola. La mesa ya está servida pero se fue la luz. Y no hay velas que prender. Sólo queda un sofá para acostarse. Al lado de esta cobardía a ser valiente que abrazo todos los días contra mi pecho.




3 mayo 2016.