domingo, 25 de mayo de 2014

Indisciplina

Escribir es cura y veneno
es separar los bravos mares,
arrastrar profundos pesares.
Pero a la vez escribir es
llorar de risa en algún sueño,
sueño de letras y rimas
que escala las más grandes cimas.
Blanco y negro cual ajedrez
eso es lo que escribir es.


miércoles, 30 de abril de 2014

Quiero escribir, y el llanto no me deja

(De Lope de Vega) 


Quiero escribir, y el llanto no me deja,
pruebo a llorar, y no descanso tanto,
vuelvo a tomar la pluma, y vuelve el llanto,
todo me impide el bien, todo me aqueja.

Si el llanto dura, el alma se me queja,
si el escribir, mis ojos, y si en tanto
por muerte o por consuelo me levanto
de entrambos la esperanza se me aleja.

Ve blanco al fin, papel, y a quien penetra
el centro deste pecho que enciende
le di (si en tanto bien pudieres verte),

que haga de mis lágrimas la letra,
pues ya que no lo siente, bien entiende,
que cuanto escribo y lloro, todo es muerte.

jueves, 27 de febrero de 2014

Señorita

He escuchado ya muchas cosas que han sido dichas, he visto lágrimas que prometen ser de felicidad, he visto gestos de queja más grandes que el dolor mismo que los causa y todo esto de su cara, señorita, de su cara mientras dice que su vida vive ahora un rumbo que nunca tuvo, un rumbo definitivo, no tentativo, positivo, no pasivo... Con pesar (auténtico pesar ¡que no se vaya a pensar que miento!) el adjetivo de hipócrita también le vendría bien, y eso sólo porque ha sido usted la que lo ha mostrado así. Del interés no sólo se habla ¡Eso es también una cosa que se demuestra!

Blasona de su experiencia, estudios y recorridos; pero entre niñerías y mimos, más parece su estatura un extraño fenómeno de altura (¡Y ya!).
Será por esos delirios, que francamente no sé llamarlos de otra manera, que los consejos a sus oídos llegan con tanta pesadez, como si dárselos fuera cierta clase de delito. Son para usted un mal necesario, aunque le cueste, pero en este punto no estamos ya para dar más correcciones, el silencio le ha ganado la pelea a las desesperaciones. Qué más da, si al fin y al cabo, señorita, ya usted se las sabe todas, sólo no se confíe, que para inmaculadas está La Virgen.

Señorita de las transparentes... personalidades, permítame decirle que son un dolor de cabeza sus necedades, y que poco creo ya en sus enfermedades. Usted que camina sola, agacha la cabeza cuando se le quiere mirar ¡pero eso sí! la deja bien alta cuando prefiero ver una bandada de pájaros antes que a sus inmodestas cejas alzadas.

Pero dejemos de hablar de lo que me hace usted a mí, al fin y al cabo quién soy yo más que una igual, pero creo, y diciéndolo con todo respeto, que a quienes debe usted respeto guardan ganas de dejar su irrespeto por el piso. No ha sido secreto que se molesta usted por completo cuando con razones justas le hablan, pero sepa que los regaños no se hablan a dueto, las discusiones no son siempre un reto y que, aunque yo ahí no me meto,  sus respuestas dan ganas del mascadero voltearle, como lo diría mi abuela muy concreto.  Diriale yo que deje usted misma de meterse en aprietos, y si ya dijo “me comprometo”, trate de citar también la palabra “coherencia”.

Ahora no sólo me preocupo por usted sino por mí, porque ¿qué hago yo si cada día puedo ver menos de su ser? Sin mencionar que no quiero llegar a hablar en sus palabras, pero sus deliciosas miradas cada vez me hacen la cuestión más difícil. La triste realidad es que no necesito tener más de sus actitudes para sentirme como me siento, hastiada, fastidiada, incomodada y cómo no, frenada; y mis planes son muchos, pero todos sin hastiarme, fastidiarme, incomodarme y mucho menos frenarme.



Yo no quería que la situación llegara a estos extremos, pero debo decir con honestidad de sobra que, señorita, poco la aguanto.



jueves, 31 de octubre de 2013

Momento A Solas Con Unos Ojos Cansados

Cuántas horas ha durado esto, esta sentencia a los sentimientos, este pensamiento desnudo; horas tan repartidas y desordenadas, tan rusas. Cuántos recuerdos a la hora de dormir ha durado esto. Será que me canso de resistir las resistencias reales y las que me he inventado, pero todavía sigo queriendo hacerlo (y siempre querré). Por eso es que escribo, aunque no parezca, porque prefiero perecer en letras que en nerviosismos, porque me salvo y salvo mis días que tanto quieren estar del todo tranquilos.


Aún con todo, me duele haber estado al lado de lo que estuve... Y recordar lo que no tengo que estar recordando. No necesitaba razones y las necesité. No tenía que haberlas necesitado. Sí duele, duele leer un puñal en el pecho.

Tantos reproches que ya ni sé para quién son. Por parecer. Por querer hacer tanto y no hacer nada. Por dejar que las palabras se las lleve el viento. Por hacer nacer la rabia. Por la insensible distracción. Por la aparente burla. Por el estrés y la angustia tan innecesarios.

¡Si sólo un día! ¡Un día el mundo estuviese lejos! La tensión, las preguntas y tanto festejo. Salir de la vida para llenar el espacio de mis tristezas. Respirar, porque respirar hace falta; no decir nada y tampoco tener que hacerlo, perderme en rayones de tinta verde y suspirar con los suspiros más hondos.

No quiero dejar rodar las lágrimas, porque no me gustan mis razones para llorar, y no me gusto, y voy deformando mis razones para gustar. Soy un manchón de unas pocas sonrisas borrosas entre tantas nítidas y verdaderas ¡Pero amo reír y me amo riendo! Y amo que me hagas la risa así.

Ay, a ver qué se hace, a ver qué se piensa, a ver qué nueva palabra saldrá de esta boca. Muero desesperadamente por las palabras para hablar lo que no hablo, como siempre. Tengo tantas ganas de perder el tiempo

Al final, lo siento. Quién lo diría que es eso lo que tengo por decir. Lo siento.



martes, 15 de octubre de 2013

La Luna

(De Jaime Sabines)




La luna se puede tomar a cucharadas
o como una cápsula cada dos horas.
Es buena como hipnótico y sedante
y también alivia
a los que se han intoxicado de filosofía
Un pedazo de luna en el bolsillo
es mejor amuleto que la pata de conejo:
sirve para encontrar a quien se ama,
para ser rico sin que nadie lo sepa
y para alejar a los médicos y las clínicas.
Se puede dar de postre a los niños
cuando no se han dormido,
y unas gotas de luna en los ojos de los ancianos
ayudan a bien morir


Pon una hoja tierna de la luna
debajo de tu almohada
y mirarás lo que quieras ver.
Lleva siempre un frasquito del aire de la luna
para cuando te ahogues,
y dale la llave de la luna
a los presos y a los desencantados.
Para los condenados a muerte
y para los condenados a vida
no hay mejor estimulante que la luna
en dosis precisas y controladas.








sábado, 14 de septiembre de 2013

Diálogos Con La Ventana IX



Raro como palabras que a punto de salir se ahogan, alientos como frases mudas que no son capaces de decirse y estallan en nada, en nada después de haberlo dado todo. Y si mis formas estallan, en vez de hablar callan o a veces dan gritos; y si desfallezco sin saberlo a mitad del camino. Y si hablo y vuelvo a hablar, fallo y vuelvo a fallar.
Qué más quisiera que ver cuando mis ojos están ciegos ¡Qué más quisiera que quitarle esta ceguera a mis labios! Borrar el daño, que mi voz vuelva a ser caricia.

Duermo sobre costumbres viejas que no dejan dejar de pensar, duermo habiendo caminado hacia atrás y no sé cómo eso me deja dormir. Pero las sonrisas van desenredando el pesado nudo en la garganta, y mi cobarde valentía, como esa que hubo una vez, tiembla exaltada y miedosa, aventurándose a regalar sonrisas.
Y si extraño, extraño tanto y no parece extraño. Y si extraña, extraña tanto que parece extraño.
Al final, eso es todo y está bien, una tarde, un suspiro o la risa, saber que por ojos brillantes todo vale, por voces tranquilas todo cuenta.


Y las letras, pobres letras mojadas y secas de esperar, imágenes en forma de poesía ajena que verso tras verso dejan ver la verdad. La esperanza aún nerviosa de dejar la frialdad. Eso es lo que hace el soliloquio interminable de pensar en soledad.


Tarde, pero llegué; ventana.

viernes, 26 de julio de 2013

Diálogos Con La Ventana VIII



Fue la noche perfecta para escribir, fue la noche última de tantas cosas, fue la noche del borde de las lágrimas secándose y volviéndose a mojar, fue noche de ideas, fue la noche de las otras. Tan igual, tan serena, tan mediana, tan callada, como regalándome sus letras para narrar, organizar, conciliar, humedecer, empañar.

Nació después de lo oscuro y sus estrellas, para dejar gritos y esperas y ser sólo eso, el mantel gigante que habría de iluminar más tarde una hoja en blanco, con pensamientos que vacilan imparablemente mientras escriben sin tinta, haciendo un camino amontonado hacia el consuelo nocturno.

Ya quisiera yo atrapar tanto pensamiento ignorante y cobarde y despertar sus necedades, hablar claro e interrumpir el silencio que hace heridas más grandes que lo que las palabras. Es esta una miedosa noche que ya no es pero que está tan viva como mis razones, es larga en el tiempo del mensaje sin respuesta y guarda impulsos sin cama. Y en secreto me ha prometido desvelos cantantes en momentos delirantes.

Están mis ojos cerca, pero de la noche, que está allá y aquí callando para hacerme hablar. Se me va la vida en noches como ésta, en las que no sé si se pasa el día y me quedé horas con más música y más quietud, hasta que se difuminan en sueños que convenientemente llegan, con más ilusiones, con más inquietud.