Hay momentos en los que entiendo todo y sé cabalmente a dónde van las cosas y puedo estar bien con eso, puedo reír e ir de aquí para allá sintiéndome tranquila, yo puedo sentirme tranquila en ocasiones, después pienso en si estamos nosotros tranquilos, y llega eso de querer borrar todo lo que ya escribí ¡se pierdan las palabras que se pierdan! Me voy quedando de a poco con todas las cosas que pienso cuando no pienso en nada, con lo que me rodea. El problema es que las letras no emiten sonidos, al menos las mías no, las mías sólo son capaces de emitir recuerdos.
A mis manos se les olvidó qué hacer cuando quieren decir algo. Cuando quiero escribir se me olvidan las palabras y cuando quiero hablar las tengo todas, más que palabras tengo lágrimas, pero ni siquiera hay tiempo para que ellas salgan, eso es lo que por un fugaz instante me hace pensar que ya debo dejar de tener momentos sola, porque sólo me hacen esto, esto que me llueve por dentro.
Tengo muchas cosas por decir y las encuentro entre mis espacios vacíos ¿Qué pasa si lo tengo todo muy claro pero tengo un miedo inmenso de decirlo? No sé exactamente por qué, no me lo preguntes, es por lo que ya he dicho, yo no entiendo pero quiero entender, porque imagino que entendiendo algo se aliviaría, alguna parte de todo esto que ya ni sé cómo llamar.
Es inevitable sentir tu pesada lejanía, aunque sepa muy bien el porqué y al mismo tiempo no tenga idea, lo que me preocupa es que me distraje y ya no concibo cuántas cosas de ti pueden caber en mí y cuántas frases en mi cara pueden empezar en la tuya. Yo sé que me conoces y que estoy dentro de ti, no sé hasta dónde he alcanzado a llegar, más lejos que otros idealizo al pensar; me has dejado estar allí tan insoportablemente frágil como me reconoces, pero recuerdo perfectamente lo que tú ya no pareces recordar, y es eso lo que me mata, que yo sé quién fui y tú a veces pareces no saber ni siquiera quién soy.
Quédate un momento así. Así tan tiernamente como alguna vez tiernamente fue. Con esa comodidad, lejana comodidad de las horas que ya no vuelven.
¡Quiero sonrisas! ¡Quiero ser capaz de despertar sonrisas! Soy tan feliz que sé que puedo provocarlas… Con mente, alma y corazón desgastados quiero ayudarte, pero entiende por favor que ya me he empezado a volver débil, o se han avivado en mí las inseguridades; me mantengo parada pero sabes que pido un día, tan solo un día para no estarlo.
Cuando llego a ti por algún lado veo cansancio, agotamiento, desdén, hastío... Tienes amor presente y también distante, tienes miradas y palabras demasiado efímeras, respuestas mecánicas. Estamos. No sé dónde, pero estamos. Y adentro tenemos lo mismo pero muy diferente. Tan manipulado, cambiado, tocado y afectado. Por qué te me fuiste así... Por qué parece que quisieras que yo me fuera igual... Aunque sólo lo parezca, por qué así tiene que parecerlo…
No sé... No sé... Pienso pero no llego a nada, porque ninguna respuesta la puedo encontrar sola, en vez de encontrar razones he encontrado preguntas y empiezo a necesitarte, para que me hables de lo que sea pero que me hables. No sé y tal vez no vaya a saberlo. Tal vez por ahí siga rondando indeseada la sensación de no ser suficiente, tal vez no sepa que quieras y vuelva a mis errores distraídos e inconscientes en medio de mis a veces fútiles esfuerzos, tal vez me quede parada en los momentos en los que sólo puedo pensar en qué es lo que hice bien y qué es lo que hice mal, porque a eso me llevaron las grandes ganas de encontrar una letra que fuera realmente para mí.
Quiero ser una razón importante y sentir tus ganas de estar a mi lado al menos por un rato, no como si diera lo mismo allí o a diez metros. A mí no me hace falta escucharte para saber de ti, me basta verte y yo no te veo sólo con mis ojos, ni tampoco creo que tú me veas sólo con los tuyos, yo creo que con todo lo que tenemos dentro desde siempre entendemos lo que es querer estar y nada más, acompañados de poemas que hablen solos y que no lo digan todo, pero sí lo necesario. Yo te escucho con mi vista, te siento con mis manos y te beso con la mirada... Al menos he querido hacerlo.
Perdón. Simplemente me dan ganas de pedir perdón. No sé si solamente a ti, no sé si a mí o a las mismas circunstancias, pero ahí está, perdón. Por los silencios y en otras veces, por la falta de ellos.
No sé si tanta emoción es sólo pensamiento, o si tanto pensamiento se me volvió emoción… ¡Pues yo también lloro y lloro a mares! ¡Lloro tanto como cosas en ti mueren! ¡Lloro porque no encuentro mis letras y en ti las tenía guardadas!
Es cierto. Ya sé que de todos tus pensamientos y dolores entiendo poco, es cierto también que tú me haces entender poco con lo que puedes, pero sin escucharlas tus penas son las mías, hasta allí donde pueden serlo y donde puedo ser yo el lugar en el que la tranquilidad rehace sus pasos, donde puedo ser yo la risa que interrumpe la tristeza. Supongo que se me ha dado mucho tiempo para intentar, y he intentado con fuerzas que no sabía que tenía, mis ojos con paciencia te han mirado con el mismo amor de siempre mientras que me doy cuenta que de esas penas ya salieron unas que de verdad son mías.
Te dije que estoy siempre a tu lado, pero lo importante es que te lo dije como nunca se lo he dicho a nadie. Ambos sabemos y supimos juntos que no podemos asegurarnos nada, y ahora se siente que la sentencia se hace verdadera, mas ahí sigo yo sosteniéndome en mi tal vez alocada idea de intentar, porque mi corazón desde allá me grita que los dos queremos hacerlo y no solo yo. No sé si sea esa una realidad o uno de mis deseos, pero así quisiese yo que estemos, intentando y riéndonos de amor mientras lo hacemos. Deberíamos demostrarnos que somos tan fuertes como dijimos que seremos. Espero me ames, espero que aún con todo tengas alientos de hacerlo.
Tal vez esto sea explotar, tal vez más grandemente de lo que debería, pero es lo que necesito, es lo que vengo necesitando, palabras que no sean más que nostálgicas. Y a quién voy a decírselas más que a ti. Espero comprendas. Y espero sigas sabiendo cuánto te amo.
jueves, 28 de febrero de 2013
sábado, 16 de febrero de 2013
Después De La Fiesta
(De Julio Cortázar)
Y cuando todo el mundo se iba
y nos quedábamos los dos
entre vasos vacíos y ceniceros sucios,
qué hermoso era saber que estabas
ahí como un remanso,
sola conmigo al borde de la noche,
y que durabas, eras más que el tiempo,
eras la que no se iba
porque una misma almohada
y una misma tibieza
iba a llamarnos otra vez
a despertar al nuevo día,
juntos, riendo, despeinados.
lunes, 31 de diciembre de 2012
Así Debe Sentirse
Eso que hoy está creciendo de a poco, eso que suena como a risas, eso que está aún buscando palabras, eso que no se cambia por nada, eso que tiene cubierta de chocolate y chantillí con milo, eso que habla en argentino, eso que aguanta madrugadas, eso que canta poemas… Eso tiene nombre propio.
Amar, amar, amar; y hacerlo desenfrenadamente. Tener besos y abrazos que se quedan en mí todo el día dibujando sonrisas que todos tratan de entender pero nadie logra hacerlo. Cuánta felicidad puede caber en dos palabras… Mucha tal vez, tanta que no puede ni mencionarse cuando se está hablando de lo que estoy hablando y mucho menos cuando se está sintiendo lo que yo estoy sintiendo.
Lo irrealizable no solo se ha vuelto posible, se ha vuelto más sencillo, más de lo que yo pudiese haber imaginado, supongo que tenerte es algo así como una realidad perfecta, perfecta como es, o más bien, como somos. Así, siendo exactamente así, me has hecho vivir y revivir los momentos más hermosos que mi memoria puede guardar, y ahora están en mí, así como tú, sin poderse ir nunca y recordándome a cada segundo que tengo todavía muchos “te amo” guardados para darte y muchas ocasiones reservadas para besarte.
Los recientes días, tan esperados como fueron, no me han dejado más que ojos brillantes, la inmensa fortuna de haberte tenido y las gracias que voy a darte... Por darme cosas sencillas que no tengo que entender, cosas que tan solo puedo amar, por todos los momentos sin silencio y por los recuerdos, desde los que más se parecen a mí hasta los que más se parecen a ti, por amarme y demostrarlo, y es que es bonito todos los días saberlo, pero nada es más bonito que recordarlo. Gracias por no salir de mi mente, porque ¿sabes? Ella, sin falta, te escribe todos los días.
No es difícil pensarte y empezar a crear paisajes soleados con mucho viento, o noches oscuras con una luna brillante y muchas estrellas (de esas que son para pasarlas contigo), es tan fácil y tan increíblemente feliz suspirar pensándote y querer estar a tu lado, es esa tal vez la razón más grande por la que podría agradecerte… Y agradecerte y agradecerte y agradecerte. Así debe sentirse terminar un año muy enamorada.

Miradas
Se necesitan a veces miradas, miradas largas que no pidan más que ojos brillantes que se encuentren a sí mismos en el reflejo de otros ojos, de otras almas; que no entiendan de molestias, enojos o aburrimientos; que hablen ¡Que griten en palabras que no existan! Que no sean comprendidas más que por quienes a los que son dirigidas.
De vez en cuando me dan ganas de tener una mirada, una de aquellas, que me lleve al cielo y de vuelta y me quite todas las fuerzas, que sea tan diciente que ni siquiera un montón de letras juntas pudiera hablar la mitad de lo que ella hablara, pudiera amar la mitad de lo que ella amara, pudiera significar la mitad de lo que ella significara; que sea inexplicable y no necesite ruido ni luz.
El instante de mirar es el más maravilloso trance; apacible, indescriptible, casi quimérico, con tímidas lágrimas que no lloran de felicidad sino de alguna cosa sin nombre que es sólo razonable sin palabras, es sólo razonable con miradas.
Miradas que todavía no saben mirar bien y así miran mejor que ninguna, que acercan las caras y que buscan brazos calurosos y sonrisas medio hechas. Miradas que no buscan sólo gustar sino mover todo por dentro y hacer un caos en la mente, sí, un completo desastre, tan desordenado que da risa porque no se entiende ni se quiere entender nada, sólo importa la detención de esas, las miradas.
Quiero una de esas, que lleguen cuando menos se necesitan y cuando más se ansían, que ambienten momentos oscuros, largos muy largos, en los que no hay necesidad de ningún sonido, ningún movimiento, sólo parpadeos que parecen eternidades antes de volver a ver esos ojos, esos que con una simple, profundísima mirada, enamoran.
Por qué no me miras y le quitas a la noche sus horas, minutos y segundos, dame un beso con la mirada y con el silencio, acaríciame los sentimientos, déjame mirar tu mirada. Mira, Mira, Mírame.
domingo, 25 de noviembre de 2012
Diálogos Con La Ventana VI
Querida oyente de incoherencias, hace un tiempo no nos veíamos de la manera en que solemos hacerlo. Hoy me siento como si me hubieran robado palabras que son imposibles de remplazar y admiro cómo ya fue encontrado lo que yo quise decir pero al fin difiero al menos mínimamente, para qué dejar opciones si todas son penosas. No, de esa manera no vale la pena, no para mí. Dejan de ser dos y empieza a ser uno.
Mi mente se ahoga con tanta sensación efímera y cambiante, el vaivén me marea cuando yo lo único que quiero es que me canten una canción que relate una historia que no tenga nada que ver con la vida. De esas que llenan los momentos en los que la cabeza no necesita nada más que dos sonrisas y tres o cuatro minutos. Y pensar que para mí esa sinrazón resulta tan afable, la tontería tan inteligente.
Me pregunto cuántas cosas de mí no se ven y cuánta falta hacen, será que dejé de ser sin querer o fui pero no del todo. Partí y dejé a un montón de palabras informales sustituyéndome y ahora me cuestiono mientras observo todas las formas, tan distintas, en que fueron entendidas.
Soy fuera y soy dentro también. Soy lo que se espera y lo que no a la vez. Redundante pero no colmada de mi propia personalidad, no soy tortuosamente incomprendida. Soy algo así como un día evasivo en la mitad de una poesía barata. Con mis noches convertidas en madrugadas oscuras que no dan paso a lo que no sea solitario. Una mente y un pensamiento que se escriben solos, nada más.
Puedo pasar mis manos por las letras y sentirlas viejas, pero es que no hablo de esto sino de lo otro, hablo de que quiero convertirme en pausas y ser parte de una de las dos páginas que estaban acostumbradas a estar abiertas. Supongo que más de la mitad de lo que quería decir es que me muero por leer letras y estar detrás de ellas; por simple, vano y puro placer.
Mis palabras se acomodaron a mis épocas ventana, y creo que de todo, fue eso lo único que pasó sin que yo tuviese intención de que pasara. Tal vez nos cambiaron las razones para estar tranquilos y la profundidad nos tomó por sorpresa, tal vez poco entendemos de idilios y de explicaciones, que ya no sufrimos de ser esquivos ni de despelotes interiores ni de verdades calladas.
Valentía… Valentía déjame pensando. Pensando y también recordando, como si pudiese sentirme allí y no en las vueltas que no dejo de dar.
Aquí quedé, punto de quiebra. Hecha un monumento a la cobardía, fundando sentimientos que no sabía que podía despertar. Con la realidad en frente y con mis manos incapaces de hacer el más mínimo movimiento, con mis pies pegados al piso y mi mente pegada a un enredo.
Víctima de las respuestas silenciadas, tan capaces de dejar a cualquiera indefenso de repente, como a mí, parada como estoy, en mi mundo y en el tuyo o en el de nosotros, pensando en actuar como necesito actuar, mostrando algo coherente con lo que en mis adentros sostengo. Entiendo tan bien algunas cosas que desespero terriblemente por dejarlas todas al revés y vivir en un momento en el que nada tenga que hablarse… Pero un nudo en la garganta no es el mejor amigo ni de las palabras que no se dicen.
Anda y cuéntales que yo también lo siento, tanto o más, tan incomprensible e indescifrable como suena. Anda y conversa por un rato para hacerme creer que todo pasó y así sorprenderme cuando mis ojos se vuelvan a nublar.
Si algo aún queda sólo espero que me cuenten qué puedo hacer para que no se vaya. Yo ya no sé nada ventana, parece que me estoy cansando de pensar pero no lo voy a dejar de hacer, antes de eso dejaría de ser yo…
En todo caso te extrañaba. ¡Y no agaches la cabeza orgullosa que sé que tú también me extrañabas a mí! Pero ahora me voy de nuevo, porque no han podido gustarme enteramente todas estas palabras.
jueves, 27 de septiembre de 2012
Muchas Sonrisas, Por Favor
Muchas cosas pueden llegar al alma, sencillas y complejas es difícil entenderlas a todas. A tu alma pueden caberle muchas cosas, como ahora sucede, me atrevo a decir. Y yo te miro y te oigo un poco desde lejos, con un rastro de silencio detrás de tus comentarios que se interrumpen solos y ahondan en ideas indescifrables. A ver si a tu alma le puedo regalar una que otra cosita en esta ocasión.
¡Muchas sonrisas, por favor!
Me afanaré hoy por conseguirlo; lo intentaré, aclaro. Empezaré quizás con un abrazo o dos, muy muy fuertes y largos, pero de cualquier modo ellos estarán siempre allí, por si lo olvidabas, aunque no sería una mala idea llevarlos conmigo por si acaso. Empezaré quizás con una caricia rápida o una risa aparentemente falsa, algo ligero que no haga mucho alboroto.
¿Sabías que tu risa suena de muchas maneras? Sí, una para reconfortar cada sentimiento que siento yo, hay algunas para el día, otras para la noche, unas para las tardes de domingo y otras para los fugaces minutos semanales, tantas y tan dulces maneras que sólo dejan una emoción indescriptible en lo más recóndito.
Pondré una dosis de tranquilidad en tu mente, en donde por un ligero momento no existan ni tobillos ni columnas ni vértigos ni exámenes ni textos… Ni mucho menos crisis económica.
Y mandaré a tocar mil instrumentos de esos bonitos y mandaré a cantar mil canciones de esas sin razones, nada que tenga que gustarte, sólo algo alegre que ilumine un poquito más tus ojos, y que una vez terminada tal tarea, me mires y sonrías, y con tu mirada calles a todas las palabras que se están muriendo por ser dichas.
Me adentraré despacio por pequeñas cavidades que den tan solo lugar a mi voz, soltaré suavemente un murmuro que grite “Te quiero” (…Te quiero tanto que te amo) ¡Y sin peros voy a sacar una sonrisa de tu cara! Una de tantas que alegran mi alma y hacen que mi corazón salte ridículamente. ¡Ahí está! Petitoria satisfecha.
Y si nada de esto sirve (corro el riesgo)… ¡Y bueeh! ¿Qui Quirij Qui Te Diga? ¡Se hizo el intento!
Yo sólo quisiera que recuerdes que tu alma da mucha vida a otras almas y que no hay nada mejor que sentir alivio cuando en medio de la zozobra estás tú y pareciese como si para un momento perfecto no hiciera falta nada más, aseguro que no es una sensación mía solamente, eres totalmente imprescindible a la hora de ser feliz, y es demasiada fortuna el devolverte algo de esa vida que a diario regalas.
Cuando ese no sé qué haga estragos y tus conmociones sean más grandes que tú y otros tantos tú, exclama mi nombre, que ahí puntualmente estaré para que me pidas:
“¡Muchas sonrisas, por favor!”
miércoles, 15 de agosto de 2012
La Displicencia De La Nada
La pelea de los sentidos, la confusión de los adentros, la protesta de los labios cerrados, la inexpresividad de lo expresivo, la soledad de las corazonadas.
Las letras que se necesitan y las palabras que sobran, el rechazo a las preguntas incuestionables o tal vez la ignorancia de las pretensiones decorosas. La atmósfera grisácea, la impotencia de las humildes voluntades.
La maldita muletilla que aparece cada vez que se acrecienta la quebradura, ambientada por las historias de días absurdos y por pensamientos que a la tranquilidad le resultan superfluos.
El incesante pero tardío correr lento de los minutos, la intensidad de las percepciones, la introspección recóndita y absoluta que converge en distancias tan agonizantes.
La vicisitud y la monotonía, la displicencia de la nada.
El silencio es la mayor distopía, instaurada por la caótica fortuna que se obstina en relatar la delgada línea, la cualidad de lo eterno y las ya conocidas, distracciones insuficientes.
Las letras que se necesitan y las palabras que sobran, el rechazo a las preguntas incuestionables o tal vez la ignorancia de las pretensiones decorosas. La atmósfera grisácea, la impotencia de las humildes voluntades.
La maldita muletilla que aparece cada vez que se acrecienta la quebradura, ambientada por las historias de días absurdos y por pensamientos que a la tranquilidad le resultan superfluos.
El incesante pero tardío correr lento de los minutos, la intensidad de las percepciones, la introspección recóndita y absoluta que converge en distancias tan agonizantes.
La vicisitud y la monotonía, la displicencia de la nada.
El silencio es la mayor distopía, instaurada por la caótica fortuna que se obstina en relatar la delgada línea, la cualidad de lo eterno y las ya conocidas, distracciones insuficientes.
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